CELEBRACIÓN DE LAS BODAS DE ORO DEL COLEGIO
1959 – 2009
Renovar una conducción significa un gran desafío: no sólo
para quien la asume sino para aquellos que nos dan el mandato. Y este es el
que he recibido: el gran desafío de hacerme cargo de la Dirección
General del Colegio Gabriel Taborin, mandato encomendado por la Congregación
de los Hermanos y la Asociación de la Sagrada Familia.
Lo asumo con la convicción de querer desplegar todos los ideales, sueños
y esperanzas llenos de un sentido ético profesional profundamente arraigado
en lo social y en los valores de la Sagrada Familia, aspirando a afianzar siempre
lo que ya está hecho, profundizando los aciertos e interpretando las
constantes y crecientes necesidades del hoy.
Soy consciente de lo que esto implica: lo acepto porque sé que cuento
con un equipo profesional y humano que, con espíritu de sacrifico, empeño
y vocación de servicio viene transitando la Institución.
Asumo la conducción de un Colegio en marcha que vive un momento muy
particular: celebra sus BODAS DE ORO, los cincuenta años de su fundación,
cincuenta años de historia, de visión, de voluntad y de grandeza
de hermanos y laicos que nos precedieron.
Hoy tenemos ya un camino hecho y nos queda la sana tarea del pulido, que dé
brillo a aquel anhelo de hace cincuenta años y que hoy es nuestra realidad
tangible. El gran legado de aquellos pioneros es la ética puesta al servicio
de la educación y allí radica nuestra mejor herencia. Herencia
que es siempre motivo de reconocimiento social que nos permite afirmar que nos
cobija una Institución digna de ser mostrada como ejemplo de orden, de
trabajo colectivo y de pujanza.
Esta nueva gestión que hoy inicio pretende ser una conducción
colegiada, donde la autoridad se irá construyendo en el día a
día con el ejemplo, el testimonio, la coherencia y la responsabilidad
de cada uno de sus miembros. En forma conjunta y organizada trataremos de fijar
prioridades que surgirán de la mirada de toda una comunidad que sabe
bien lo que quiere y necesita. Es el momento histórico de revisar el
camino recorrido, de analizar nuestras prácticas y actualizarlas.
Pero el desafío más grande que se me encomendó es el
de “resignificar el carisma taboriniano a la luz de nuestra propia existencia
personal y comunitaria”.
Pero, ¿cómo hacerlo?
La respuesta está en mirar nuestra historia: los cincuenta años
transcurridos desde la fundación del colegio pueden indicarnos el camino
a seguir. Porque sin historia nos quedamos mudos. Este Colegio tiene muchos
recuerdos y una memoria asociada a un patrimonio cultural transmitido de generación
en generación, que nos muestra una manera particular de ser y de estar
en el mundo.
Es por esto que, para resignificar nuestro carisma, intentaremos descubrir cuáles
son las notas más significativas del tiempo social y eclesial que transitamos,
viendo por dónde pasan hoy las búsquedas y los anhelos de la comunidad
educativa. De tal modo que, iluminados por la experiencia del Hermano Gabriel
Taborin, podamos vislumbrar caminos con identidad Sagrada Familia. El Horizonte
Pedagógico Pastoral será el marco que ilumine este derrotero.
Vivir el carisma a partir de una valoración crítica de experiencias
realizadas que nos orienten en el presente y proyecten nuestro futuro.
Todo esto requiere de actitudes de apertura y de búsqueda, requiere del
salir de la autosuficiencia para compartir humildemente lo que somos y lo que
tenemos. Requiere de un compromiso real, concreto, serio: crecer en la capacidad
de escucha, cruzar la barrera de los prejuicios buscando espacios para el diálogo.
Trabajar en redes en función del bien y no del proselitismo, cercanía
sin protagonismos exclusivistas, sino visión de comunidad organizada
en continua actitud de apertura y búsqueda. Animarnos a la disponibilidad,
animarnos a estar atentos para caminar entre incertidumbres, revitalizar los
vínculos existentes aprovechando los encuentros cotidianos.
Quiero, por último, hacer votos para que la obra de evangelización
que los Hermanos de la Sagrada Familia desarrollaron en el marco de la escuela
católica, encuentre el camino para que en estos nuevos tiempos que nos
tocan vivir, podamos seguir acompañando a las familias en la educación
de los niños y de los jóvenes; ya que es nota distintiva del colegio
crear una comunidad escolar con un ambiente animado por el espíritu evangélico
de libertad y caridad, donde Cristo es el centro y su Evangelio, la norma de
vida.
Creo, que sin caer en la resignación realista, ni en la frustración
por las utopías , es posible pensar un colegio, que más allá
de cumplir con lo académico ,se esfuerce por formar ciudadanos críticos
y lo suficientemente creativos para renovar en lo que puedan el mundo en que
les ha tocado vivir.
Para finalizar, hago mías las palabras de la psicopedagoga Liliana González cuando dice “Educar fue, es y seguirá siendo un pasaporte a la dignidad. Educar es un acto generoso que no admite mezquindades, ni pensar en pequeño, sino repartir el conocimiento y el reconocimiento. El gran desafío hoy es resituar la cultura del trabajo y el esfuerzo, se puede, se debe poder trabajar con alegría”.
… Y en estas Bodas de Oro que nos toca celebrar recuperemos la historia como lugar más de aprendizaje y de revelación divina. Vivamos una educación comprometida centralmente con la vida de las personas: con la vida que se respira y vive en las aulas y que nos sigue acompañando mucho después de nuestro paso por ellas; que todos seamos fieles a esta empresa moral iniciada hace ya cincuenta años que es una herramienta para la promoción de lo auténticamente humano.
Sólo resta pretender cumplirles a todos y a nosotros mismos y que el juicio de la historia nos ubique a la altura de la honra que han depositado en nuestras manos.
Lic María del Carmen Mauro
Directora General