Carta para familias y docentes de posicionamiento institucional a partir del PE


Queridas Familias, alumnos, docentes y diversos actores institucionales de nuestra escuela:

 

Los momentos sociales que vivimos son ciertamente muy exigentes para todos y -muy a menudo- los cuestionamientos, con fundamento o sin ellos, han repercutido en consideración a la Iglesia Católica y a las escuelas creyentes en su rol social.

 

La Escuela Gabriel Taborin, como escuela que educa en la fe, no está ajena a estos contextos. En el Proyecto Educativo de nuestra escuela está expresado que nuestro deseo es que cada alumno, en su dimensión personal, “desarrolle su vocación descubriendo el sentido de la vida construyendo su proyecto como persona integral e integrada” con “criterios y competencias que le permitan desempeñarse con autonomía y madurez” siendo “hacedor de vínculos constructivos en el respeto, la tolerancia y la inclusión,  promoviendo el respeto a la dignidad de cada persona, propiciando la igualdad de derechos y posibilidades” y “sea capaz de desarrollar actitudes desde la participación, el disenso y el compromiso ético, recreando la realidad al asumir los aspectos positivos de la misma y aportando propuestas para mejorarla”.[1]

 

Anhelamos que nuestra escuela “sea promotora de los valores humanos y nazarenos, reconociendo que en Nazaret se da la creación de espacios humanizadores y constructores de relaciones auténticas”  con una “mirada esperanzada y proactiva de la vida, asumiendo los valores humanos y evangélicos”.[2]

 

También sabemos que nuestra escuela “es, para muchos, la primera o la única presencia evangelizadora en sus vidas” y que las personas “recorren distintos trayectos” con diversos “umbrales de identificación con el proyecto pedagógico-pastoral”. Es por eso que se ofrecen variados espacios de explicitación evangélica en los que se integran distintos actores escolares en la construcción de la comunidad creyente. La escuela es para muchos de sus integrantes “un espacio permeable y abierto, generador de nuevos sentidos a la luz del Evangelio sostenidos desde un enfoque interdisciplinar capaz de integrar múltiples miradas”. Es por eso que “en nuestra escuela centramos la formación ética en el ejercicio de una ciudadanía responsable que permita asumir los valores de la libertad, la solidaridad, la justicia, el bien común, la igualdad, el respeto y la aceptación a la diversidad”.[3]

 

Para nosotros, “la pedagogía del encuentro implica reconocer al diálogo como medio privilegiado para una convivencia armónica. Con los estudiantes, se desarrollan competencias para reconocer, expresar y verbalizar sentimientos, necesidades, emociones, que permitan el fortalecimiento de la estima y habiliten la resolución de conflictos”. [4]

 

Tenemos la convicción de que “toda educación es un compromiso ético para promover formas más justas de convivencia en el ejercicio de la sociabilidad cotidiana, respetando los derechos de todos. La formación de nuestra escuela promueve una conciencia responsable para alcanzar una mejor calidad de vida (salud; manejo adecuado y ético de los recursos naturales; conciencia de una sexualidad integrada en el amor; etc.)”.[5]

 

A la vez “asumimos los nuevos modos en que se viven las relaciones familiares, así como el surgimiento de nuevas configuraciones, lo cual nos invita a un continuo y permanente diálogo entre escuela y nuevas familias en la búsqueda colaborativa para la construcción de una misión común. La resignificación de la Sagrada Familia nos enseña a mirar de manera amorosa e inclusiva a todas las familias. Sabemos que la Sagrada Familia se fue haciendo sagrada por la corresponsabilidad de la misión compartida, la vivencia de los valores de un mismo proyecto y las actitudes de un estilo de vida en común. Contemplada -desde la psicología y la sociología actual- su construcción social adquiere una conformación singular. Por otro lado, el Dios cristiano es siempre inclusivo. Desde esta alianza común, entre escuela y familia, somos corresponsables de educar en valores, capaces de inspirar y sostener un proyecto de vida. La formación en nuestra escuela se encuentra orientada a colaborar con los padres para que cada persona pueda encontrar la mejor versión de sí mismo en relación a Dios y a los demás”.[6]

 

Desde los presupuestos de nuestro Proyecto Educativo y de nuestro Horizonte pedagógico-pastoral[7] asumimos para toda la formación (en todos los temas y contenidos pedagógicos y religiosos) una postura de inculturación y de diálogo crítico con la cultura, con una mirada esperanzada en la sociedad en la cual estamos insertos y para la cual formamos. Asumimos un posicionamiento explícito de fe, basado en la apreciación de los genuinos valores humanos, con un estilo no confrontativo sino dialogal, mostrando el rostro de una Iglesia cercana y fraterna, misericordiosa e inclusiva, solidaria y empática, promotora de la cultura del encuentro y no de la cultura de la confrontación. Rechazamos toda discriminación y cualquier violencia ya sea religiosa, racial, política, económica, de género y de cualquier otra índole. Deseamos ser una escuela testimonial, transformadora, proactiva, constructiva, comunional, conciliadora, comprometida histórica y socialmente, orante y profética en el discernimiento de los signos de Dios en estos tiempos, haciendo frente a los desafíos actuales, integrada todo lo humano en la síntesis de fe-vida-cultura.

 

Nuestro estilo pedagógico y pastoral se inspira en invitar a todos a la fe sin imponer, dialogando en vez de discutir. Estamos convencidos que la fe no es ideología, ni admite ningún fundamentalismo o rigorismo tal como aparece en la pedagogía de Jesús en el Evangelio. La fe es convicción comunitaria que se testimonia, “estando siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza” como dice la Palabra de Dios.[8]

 

Todas las familias y los docentes que adhieren a nuestro Proyecto Educativo también hacen comunión con este espíritu y este estilo educativo que nos caracteriza como carisma en la construcción con nuestra identidad institucional. Deseamos establecer cada vez más explícitamente un contrato pedagógico-pastoral con las familias y los docentes sabiendo que, como institución educativa, nos toca educar en valores a partir de los saberes y de las prácticas pedagógicas.

 

 

Dirección General.

Equipo Directivo de todos los niveles.

Equipo Pastoral.

 

Córdoba, Noviembre de 2018.

 

 

[1] Cf. PE II,1 (Proyecto Educativo Colegio Gabriel Taborin. Córdoba, Agosto 2014).

[2] Ídem,

[3] PE II.2,4.

[4] Ídem.

[5] PE II,2.6

[6] Ídem.

[7] Cf. HPP, nota nº 16 sobre la configuración religiosa y social de la Sagrada Familia de Nazaret.

[8] Primera Carta de Pedro 3,15.


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