Como comunidad taboriniana, nos acompañamos camino a la Semana Santa…


Mensaje Pastoral para la Semana Santa 2020

Fe en tiempos de Pandemia

Querida comunidad educativa,
Queridas familias:

Esta Semana Santa que vivimos como creyentes es muy especial. La pandemia que padece el mundo -y de la cual nuestra Argentina no está exenta- nos pone en una situación particular de cuarentena, la cual es muy posible que nos haya hecho pensar en la Cuaresma, ese tiempo de Dios y de la Iglesia, que nos ayuda a prepararnos a la celebración de la Pascua de Jesús.

Los templos están cerrados y la liturgia, en el mejor de los casos, ha quedado mediada por la tecnologia y la virtualidad, auqnue ciertamente no es lo mismo que vivirla directamente en una comunidad.

Quizás este tiempo de aislamiento nos ha servido para valorar muchas personas, afectos, cosas, actividades que siempre hemos tenido y disfrutado y que no siempre hemos agradecido lo suficiente. Incluso ahora empezamos a extrañar lo que se daba en cada día con su rutina.

Se han silenciado y aquietado las calles; se ha cerrado casi todo; se han distanciado los contactos. Casi toda la información que recibimos habla solo de corona virus y de estadísticas que no nos dejan ver que detrás de esos números, porcentajes y mapas, hay vidas y muertes humanas de personas como nosotros.

Todo ha quedado afectado en la organización social: escuelas, bancos, comercios, entre otras muchas cosas. No hay área que no haya quedado movilizada: educación, economía, actividad financiera, relaciones sociales, deporte, turismo, espectáculos, etc.

Todo ha sido tocado y trastocado. Tal vez nos hemos preguntado por Dios en este sufrimiento del mundo y seguramente Dios se ha preguntado por nosotros en este sufrimiento de todos. A veces preguntarnos por Dios pareciera que nos exime de nuestra propia responsabilidad.

Los cristianos creemos que Dios sigue estando presente en la historia del mundo, en todas sus circunstancias, incluso en estas, y que se encuentra unido a la libertad y a la responsabilidad humanas.

Dios está si nosotros estamos. Dios está en todo y en todos, incluso en la pandemia y en el sufrimiento que conlleva, si nosotros estamos y permanecesmos activos. Cada uno de la manera en que pueda y decida.

El mundo, el presente y el futuro son responsabilidad de todos. Los cristianos creemos que Dios se hizo hombre (tal como celebramos en la Navidad festejando el nacimiento de Jesús) y que, por lo tanto, hay una presencia especial de Dios en el mundo que permite que los hombres nos hagamos cargo del mundo que Dios nos ha dado.

La pandemia que estamos viviendo, no solo nos cuestiona acerca de lo que creemos de Dios, sino también nos cuestiona acerca de nosotros mismos y de lo que hacemos por el mundo y por los demás.

Dios está en las mediaciones de muchas presencias humanas que ayudan, cuidan y salvan: médicos, enfermeros, camilleros, bioquímicos, farmacéuticos, agentes de salud en general, los que realizan la limpieza de los hospitales, los científicos e investigadores, los docentes, los policías y agentes de seguridad, los políticos y gobernantes, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los camioneros y transportistas que llevan alimentos y artículos de consumo, insumos sanitarios y otros elementos para la subistencia diaria, los recolectores de residuos, los comerciantes y empresarios, los periodistas y comunicadores sociales, los administrativos de numerosas organizaciones, los recepcionistas de hoteles y atenciones telefónicas de diversos servicios, los musicos que dan recitales por las redes sociales o desde sus balcones, los miles de hombres y mujeres que anónimamente, desde sus hogares y trabajos, realizan acciones solidarias, entre muchos, muchos otros que otorgan su vida, su tiempo, su talentos, su trabajo.

Si somos creyentes es porque hay un amor que nos distingue; amor a Dios y un amor a los demás, un amor preferencial por los que sufren y son postergados, amor por aquellos que no son amados. Si Dios es amor, entonces también Él compremde el sufrimiento humano porque todo el que alguna vez ha amado, también ha sufrido.

Hay una Palabra de la vida que, en estas circunstancias, resulta hermosa por su estímulo: “que unos sobrelleven en sí las cargas de los otros. Sirvánse por amor unos a otros” (Gálatas 5,13; 6,2). Esta exhortación nos hace caer en la cuenta que a veces estamos muy preocupados con nuestros problemas y sufrimientos, pensando que son una carga excesiva y cuando hacemos el esfuerzo de salir de nuestro y estar atento al sufrimiento del otro, nos olvidamos del nuestro, se nos hace más liviano y comienza a importarnos más el padecimiento del otro que el de nosotros.

Esto nos enseña a descrubir que el secreto para que una cruz sea llevadera es comenzar a cargar la cruz de otro. El cristiano no es el que carga su cruz sino el que carga con la cruz de otro y ayuda a llevarla y a hacerla más liviana. El amor es solidaridad y acompanamiento. Es cargar unos con el peso de los otros. Solo así el camino común se hace llevadero y la carga liviana.

Es por eso que ahora te invitamos a leas la Palabra de Dios, te dejes cuestionar por ella, des gracias por todo lo que tienes y piensa acerca de lo que puedes hacer en favor de tu familia, de tus amigos y de cualquier ser humano que sufra.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres,
porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz,
porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia,
porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo (Mt 5,1-16).

Preguntarnos para pensar y compartir

  1. ¿Qué te suscita en estas circunstancias el mensaje de Jesús?
  2. ¿Cómo explicas que Jesús una en su mensaje la felicidad con situaciones de sufrimiento?
  3. ¿En qué puedes ser luz para otros?

¡Te deseamos muy Felices Pascuas!
¡Jesús, hoy más que nunca es -para nosotros- Vida y Resurrección!

Equipo de coordinadores de Pastoral del Colegio Gabriel Taborin