Mensaje Pastoral para Pentecostés


El Espíritu de Dios nos está mostrando mediante la pandemia otra dirección a seguir en la humanidad.

Ya van a ser 50 días que celebramos la Pascua, estamos próximos a Pentecostés, la fiesta de la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia y el mundo; nosotros seguimos socialmente en un estado de cuarentena flexibilizada y sigue siendo un momento para que todos recapacitemos como sociedad.

La pandemia ha sido un golpe al corazón de la humanidad, una devastación al sistema imperante con su recrudecido capitalismo, un schock del cual todavía estamos aturdidos. Es una herida abierta en el mundo que nos dejará, por mucho tiempo, en re-habilitación.

De nosotros depende la dirección post-pandemia que el mundo pueda tomar. La naturaleza ha respirado sin el ataque contaminante del ser humano, los animales han vuelto a su paraíso perdido, las aguas y los cielos se han unido en un mismo color, límpido y transparente. Nosotros hemos destruido el planeta en el último siglo y la sabiduría de la naturaleza lo ha reconstituido en solo dos meses.

¿Olvidaremos las lecciones de pandemia?; ¿olvidaremos pronto las enseñanzas de estos meses de confinamiento que han sido como un gran retiro de todo el mundo para mirarse a sí mismo y cuidar más a los demás?; ¿olvidaremos que muchos hombres y mujeres, como nosotros, han muerto, algunos víctimas de la enfermedad y otros entregando silenciosamente su vida hasta el contagio y la muerte?; ¿olvidaremos que ahora todos somos más pobres que antes, que todos somos más desvalidos y vulnerables que antes?; ¿olvidaremos este tiempo de presencia intensiva compartiendo en familia?, ¿olvidaremos todo lo que se re-inventó para que la sociedad siguiera, dentro de lo posible, otorgando los servicios esenciales?; ¿olvidaremos que hemos sido llamados para pensarnos como humanidad, traspasando las fronteras de nacionalidades, países, banderas y gobiernos y acrecentar la conciencia de una sola especie humana?; ¿olvidaremos que somos creyentes y que sobre todo ahora debemos dar fe y esperanza al mundo?; ¿olvidaremos todo lo que se perdió, lo que se transformó, lo que no se podrá recuperar?; ¿olvidaremos el tiempo humano invertido suspendiendo el trajinar del mundo en estos meses?; ¿olvidaremos a todas las personas comunes que nos posibilitaron que pudiéramos vivir la cuarentena?; ¿olvidaremos a esas personas que pasaron solas su cuarentena, aisladas de todo y que muchas han vivido del cariño y de la solidaridad de sus vecinos?, ¿olvidaremos a todos los que han perdido su trabajo, su salud, su vida?; ¿olvidaremos el riesgo de los contagios masivos en las residencias geriátricas, en los hospitales, en las cárceles y en las villas de emergencia?; ¿olvidaremos a los adultos mayores que murieron y no pudieron ser despedidos y aquellos que fueron sepultados en la mayor soledad?; ¿olvidaremos las fosas comunes abiertas en muchos países?; ¿olvidaremos prontamente todo lo vivido ahora, en este momento que ha sido único e histórico para la humanidad entera?… ¿qué otro acontecimiento en la actualidad ha tenido escalas mundiales, afectándonos a todos? Ciertamente ninguno como esta pandemia.

De nosotros depende la dirección de la post-pandemia, de cada uno de nosotros. Ya que cada uno puede aportar su contribución al amor, a la solidaridad, a la esperanza, al servicio, a la conciencia ética, al cuidado ecológico, entre otras tantas cosas.

Nada de eso es una abstracción. Todo eso es concreto. Son actitudes y gestos al alcance y a la medida de cada uno.

En este tiempo hemos descubierto que podemos vivir con menos, que son pocas las cosas esenciales y que lo verdaderamente importante son los afectos y los vínculos.

Cuando salgamos de este estado de excepcionalidad estaremos más despojados de todo. Ojalá que también sea de prejuicios, de pre-conceptos y de todo lo que nos hace mal, especialmente del ego que reviste muchas formas y que siempre se resiste a ocupar el último lugar.

Debemos re-aprender muchas cosas para poder ser creativos y construir, en redes humanas (y no solo virtuales), una nueva presencialidad y un nuevo acompañamiento de unos con otros. 

Después de la pandemia quedarán las otras “pandemias” –consecuencias de esta- que tendremos que asumir: la pandemia de la pobreza, la pandemia del desempleo, la pandemia del hambre, la pandemia de la hiper crisis económica, la pandemia de las cadenas de producción rotas, la pandemia del desánimo y del cansancio. Que esta pandemia del covid 19 no nos deje ver las otras pandemias ya existentes y que se han agudizado aún más.

Es por eso que precisamos tener una mirada amplia, abarcante, abierta y serena que aporte a la construcción común para que, entre todos, podamos construir la dirección hacia una humanidad con mayor calidad humana, mayor resguardo de derechos y mayor dignidad, una humanidad con una versión mejor de la conocida hasta ahora.

Dirección General y Equipo Directivos.
Equipo de Coordinadores de Pastoral.